Son mensajes casi imperceptibles; insertados en películas para niños y caricaturas. Sugieren contenidos eróticos y amorales, faltas de respeto a la convivencia humana y hasta cultos mundanos. Son el fundamento de una nueva guerra entre los dibujos animados y los padres de los pequeños cinéfilos.
Madres de todo el mundo, ¡¡horrorícense!! Teman por las mentes inocentes de sus hijos, la amenaza de la pornografía y el culto a la inmoralidad se encuentran más vivos que nunca. Frases como ésta encabezan cientos de páginas web y foros que denuncian la emisión de mensajes subliminales en caricaturas y películas infantiles.
Los estudios Walt Disney, al igual que su creador, se han convertido en uno de los blancos principales de acusaciones que denuncian el uso de pornografía e inmoralidades en sus producciones. Las pruebas de ello abundan. Existe una escena en la película “La Sirenita” en la que el príncipe y la bruja se dirigen al altar para contraer matrimonio. Allí les espera un sacerdote poco común; el espectador puede ser testigo de cómo el personaje sufre una erección en plena ceremonia. Otro ejemplo fue captado en la cinta “¿Quién Engañó a Roger Rabbit?”, cuando la novia del conejo sufre un accidente y es despedida por los aires. Sus vestidos se descubren y el espectador puede observar que el personaje no lleva ropa interior. Incluso en un clásico de todos los tiempos como “El Rey León” se pueden encontrar este tipo de insinuaciones. En la escena en que Simba es testigo de cómo la figura de su padre se forma en el cielo, por unos instantes las estrellas agrupadas parecieran escribir la palabra “SEX”. Los mensajes eróticos también se han tomado el audio de estos filmes. Existe un diálogo de la película “Aladdin” en la que se escucha una voz diciendo “Bien jóvenes, a quitarse la ropa”, y en “Hércules” (la versión en español) una seguidora del protagonista hace una alusión explícita al acto sexual.
No sólo las caricaturas de Disney han sido tildadas de inmorales. La existencia de mensajes subliminales nocivos ha sido adjudicada a varias series animadas de la televisión. Es el caso de “Popeye”, quién recurre a una especie de hierba color verde para incrementar su fuerza, y de “Los Picapiedras”. En esta última, el personaje principal suele gritarle a su esposa y burlarse de la altura de su mejor amigo.
Sea o no una actuación premeditada, la emisión de este tipo de mensajes es un hecho real. Sin embargo, las madres pueden estar tranquilas. Las series nombradas son demasiado antiguas y no logran captar la atención de los niños de hoy. Sus verdaderos espectadores forman parte de un público ya adulto, él mismo que en la actualidad se encarga de dirigir empresas y manipular la sociedad. Si realmente los comunicados subliminales son capaces de trastornar la mente humana, ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto.
B.G.J.
